La aventura que era ir a la Pulga del Puente del Papa

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Al «mall» del pueblo regiomontano de décadas pasadas se lo llevó «Alex», pero su recuerdo aún permanece vivo.

Ir a las pulgas y mercados es una tradición bastante arraigada en los regiomontanos y dentro de esta actividad la Pulga del Puente del Papa era uno de los destinos más popular.

No es para menos, en los cientos de puestos que se encontraban en el lecho del río Santa Catarina se podía encontrar de todo.

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¡No es broma! Podías echarte la vuelta para buscar algo en particular y regresabas a casa con algo muy distinto.

En efecto, en la Pulga del Puente del Papa se vendía ropa, juguetes, herramientas, instrumentos musicales, discos, casetes, películas, libros usados, artesanías, antigüedades… ¡hasta fósiles! Y claro, también mucha comida.

Ahí pude comprar varios «tesoros»: como un libro editado en 1975 sobre asesinos en serie, el libro «Sirena Varada» de Alejandro Casona (en el que se basaron los Héroes del Silencio para la canción del mismo nombre), varias revistas Conecte y Banda Rockera, entre otras ondas (hubo un tiempo en que me clavé mucho en libros antiguos y revistas de rock de antaño).

Era un verdadero paraíso para los amantes de las chácharas, del regateo y de la caminada.

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No importaba el calor o el frío, siempre había mucha gente buscando algo en particular o solo tratando de encontrar «una joyita».

Como todo, la Pulga del Puente del Papa tenía sus claroscuros, ya que se decía que en algunos locales se vendían objetos robados, también hay que reconocer que había venta de artículos pirata y que no faltaban los carteristas o los «piñeros» (gente que embaucaba a otras personas a través de pequeños fraudes y juegos de azar amañados).

A pesar de esto hay que destacar que era un lugar que reunía a las familias, que fue un punto de encuentro y un destino ideal para desestresarse y pasar un buen rato, no solo para «la raza de bronce», sino para gente de todas las clases sociales (era común ver a gente de clase acomodada deambulando por los pasillos de este «mall» del pueblo).

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No menos importante es que múltiples familias pudieron subsistir gracias a las actividades comerciales que ahí se desarrollaban, por lo que esta pulga también fue una fuente de empleo y desarrollo para muchos.

Finalmente llegó el huracán «Alex» y el río Santa Catarina despertó y reclamó su terreno, llevándose consigo todo a su paso.

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Algunos de los vendedores pudieron reubicarse en la Ciudad Deportiva y otros espacios.

Actualmente puede verse a algunos vendedores establecidos en las escaleras del puente, mientras que de la Pulga del Puente del Papa solo recuerdos quedan.

Álvaro García

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