El crimen de la Casa de Aramberri: una historia de terror

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El 5 de abril de 1933 se dio un doble homicidio dentro de una casa ubicada en el Centro de Monterrey, el cual causó conmoción en la ciudad.

La ciudad de Monterrey gozaba de gran tranquilidad durante el año 1933, pues a pesar de ser una metrópoli que comenzaba a crecer de manera increíble, había estabilidad, paz social y poco a poco la economía se iba mejorando.

Sin embargo este clima de tranquilidad se rompió la tarde del miércoles 5 de abril, cuando se descubrió un horrendo crimen ocurrido en el domicilio ubicado en el #1026 de la calle Aramberri, entre Diego de Montemayor y Manuel Doblado.

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Resulta que el señor Delfino Montemayor regresó a su casa después de una extenuante jornada en la Fundidora Monterrey, encontrando asesinadas a su esposa Antonia Lozano y a su hija Florinda.

El crimen fue terrorífico: ambas fueron agredidas sexualmente y degolladas. En la casa había sangre por todos lados y desorden total.

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Al ser una ciudad pequeña, la noticia corrió de inmediato y pronto se levantó un ambiente de terror y de condena social hacia el crimen.

Los cuerpos fueron enterrados en el Panteón de Dolores. El señor Delfino y la población en general exigieron justicia a las autoridades.

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Una de las pistas que más llamaron la atención de los detectives era que no había forzaduras ni en puertas ni ventanas, por lo que el o los presuntos asesinos habrían ingresado con el permiso de las habitantes de la casa de Aramberri.

Así, tras analizar la escena del crimen y algunos testimonios, se supuso que el crimen se dio inicialmente para cometer un robo, pero que el hecho se salió de control.

Varias pistas llevaron a dos sobrinos de la señora Delfina y a otros dos vecinos cercanos, entre ellos algunos rastros de sangre que quedaron en calles aledañas. Tras los interrogatorios se confirmó que los cuatro estaban implicados en el homicidio, ellos confesaron el hecho.

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Se trataba de los jóvenes Gabriel Villarreal, Emeterio González de León y los hermanos Heliodoro y Fernando Montemayor.

De hecho se dice que un loro que se encontraba en la Casa de Aramberri, mascota de los Montemayor, repetía con frecuencia «diles que no me maten Gabriel», factor que facilitó la captura realizada por los agentes policiales.

Pero la historia no quedó en eso. Y es que al difundirse la noticia de la captura de los cuatro asesinos, la población rondaba las instalaciones de la Policía, buscando linchar a los criminales.

Ante esto se aplicó la llamada «Ley Fuga»: se dice que las autoridades policiales hicieron una reconstrucción de hechos para ver la manera en que se iban a repartir el botín, esto en la comunidad de La Loma, cerca del antiguo cementerio del municipio de Zuazua.

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Publicación de El Norte.

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Los oficiales encargados señalaron que durante la diligencia un comando armado les disparó, situación que fue aprovechada por los cuatro delincuentes para intentar huir, por lo que tuvieron que dispararles para evitar la fuga, provocándoles la muerte de manera instantánea.

Posteriormente los restos de los cuatro asesinos fueron expuestos en Monterrey para tranquilizar a la población.

Después de esto se escribieron dos libros sobre este crimen y de ahí se creó una serie de historias de terror en la que se habla de apariciones y ruidos extraños que se dan en la vieja casona de la calle Aramberri.

Esto motivó la llegada de investigadores paranormales de varias partes del país, así como de sectas satánicas que usaban el lugar para la realización de ritos.

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Finalmente, el año pasado la casa fue puesta a la venta y de inmediato «surgió un valiente» que pagó por ella 3 millones de pesos.

Se desconoce cuál será el futuro de la icónica vivienda, pues incluso puede ser demolida al no estar protegida por el Catálogo de Inmuebles del INAH Nuevo León.

Álvaro García

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